«A callar», dijeron en nombre de la democracia

Es una constante oír, ante la crítica a una sentencia judicial, “yo no opino, tengo total respeto a las decisiones judiciales, esa es la base de la democracia”. Incluso cuando se cuestiona a un gobernante siempre alguien dice, “ya, pero ha sido elegido por la mayoría con lo que hay que aguantarse, eso es la democracia” «Se puede estar en desacuerdo con una decisión judicial o estar en contra de la actuación de un gobernante sin por eso ser menos demócrata» Pues no. La democracia, aparte de no ser infalible, si algo permite es la discrepancia (pacífica) y la libertad de opinión. Y por lo tanto se puede opinar sobre cualquier cosa, se puede estar en desacuerdo con una decisión judicial o estar en contra de la actuación de un gobernante sin por eso ser menos demócrata. ¿Es lógica la lentitud de la justicia?, no. ¿Es normal que en un caso ejemplar y mediático como el de Urdangarín se deje a la persona que se vaya tranquilamente a Suiza?, pues tampoco. ¿Y que se pueda cambiar a  los fiscales que están destapando casos de corrupción justo en el momento que estos salpican a un presidente autonómico?, sigue siendo un rotundo no. Incluso si vamos al lugar que se autoproclamó como el estado de las libertades (en fin) y que ha elegido a un demente como su presidente (ojo, que hasta los psicólogos de su país han cuestionado su capacitad diciendo que sufre un trastorno de personalidad, no lo digo yo), ¿es ser antidemócrata criticarlo?… sigo diciendo que no. Crecen las desigualdades Pocas cosas podemos hacer en esto que llamamos democracia, tan solo votar cada un determinado número de años entre unas pocas opciones cerradas y que ya tienen un volumen tan alto de fieles seguidores que es dificilísimo que ocurra algo nuevo. Si además contamos con las leyes cada vez más restrictivas sobre la libertad (por supuesto como precaución ante posibles actos terroristas, filón para que nadie pueda criticar esas restricciones) y ahora resulta que tampoco se puede utilizar la libertad de expresión para criticar una decisión… ¿qué nos queda? «Actualmente ocho personas tienen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial (3600 millones de personas)» Y mientras se critica a quienes expresan libre y pacíficamente sus opiniones se permite que sigan creciendo las desigualdades, que los derechos para la mayor parte sean cada vez menores. Vean estos titulares: ´Las tres personas más ricas de España acumulan la misma riqueza que el 30% más pobre del país (14,2 millones de habitantes) ` o ´el 10% de los españoles más ricos concentran más riqueza (un 56,2%) que el resto de la población`. Y si nos atenemos a un marco único mundial, actualmente ´ocho personas tienen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial (3.600 millones de personas) ` A lo mejor también alguien dice que es antidemócrata denunciar estos hechos, pero los mismos se producen gracias a las leyes creadas y/o mantenidas en democracia y a que las grandes fortunas puedan utilizar libremente las Sicav para pagar muchos menos impuestos que el resto de los ciudadanos, aunque muchos de estos últimos no lleguen a final de mes. Fondos de salvación Hemos llegado a ese punto de ´libertad` por el que los que poseen grandes capitales utilizan los paraísos fiscales (que siguen siéndolo sin que nadie actúe) para enriquecerse más y con ello forzar la bolsa y los índices económicos, forzando a su vez a  los estados a hacer reformas laborales, ajustes, cambios de leyes que, ¡oh, que sorpresa!, favorecen al gran capital y a la brecha cada vez más grande de desigualdades. Y todo eso, por supuesto, teniendo que dar las gracias a tener esta ´bendita` democracia. Mientras el Banco de Santander puede anunciar unos beneficios de 6.204 millones de euros o Iberdrola (una de las eléctricas que nos trae de cabeza a todos por la subida de los precios) de 2.705 millones de euros, las familias acuden a los ´fondos de salvación` de ayuntamientos y comunidades autónomas para conseguir que no les corten la luz. Pero así son las leyes de nuestra democracia. Pues yo con todo esto saco una conclusión, creo en los derechos que ofrece la democracia pero no en quienes los ejecutan ni en la forma de ejecutarlos. Post Views: 483

Editorial | Ángel Fernández, Director de AQUÍ Medios de Comunicación

- Escrito el 01 marzo, 2017, 10:18 am
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Es una constante oír, ante la crítica a una sentencia judicial, “yo no opino, tengo total respeto a las decisiones judiciales, esa es la base de la democracia”. Incluso cuando se cuestiona a un gobernante siempre alguien dice, “ya, pero ha sido elegido por la mayoría con lo que hay que aguantarse, eso es la democracia”

«Se puede estar en desacuerdo con una decisión judicial o estar en contra de la actuación de un gobernante sin por eso ser menos demócrata»

Pues no. La democracia, aparte de no ser infalible, si algo permite es la discrepancia (pacífica) y la libertad de opinión. Y por lo tanto se puede opinar sobre cualquier cosa, se puede estar en desacuerdo con una decisión judicial o estar en contra de la actuación de un gobernante sin por eso ser menos demócrata.

¿Es lógica la lentitud de la justicia?, no. ¿Es normal que en un caso ejemplar y mediático como el de Urdangarín se deje a la persona que se vaya tranquilamente a Suiza?, pues tampoco. ¿Y que se pueda cambiar a  los fiscales que están destapando casos de corrupción justo en el momento que estos salpican a un presidente autonómico?, sigue siendo un rotundo no. Incluso si vamos al lugar que se autoproclamó como el estado de las libertades (en fin) y que ha elegido a un demente como su presidente (ojo, que hasta los psicólogos de su país han cuestionado su capacitad diciendo que sufre un trastorno de personalidad, no lo digo yo), ¿es ser antidemócrata criticarlo?… sigo diciendo que no.

Crecen las desigualdades

Pocas cosas podemos hacer en esto que llamamos democracia, tan solo votar cada un determinado número de años entre unas pocas opciones cerradas y que ya tienen un volumen tan alto de fieles seguidores que es dificilísimo que ocurra algo nuevo. Si además contamos con las leyes cada vez más restrictivas sobre la libertad (por supuesto como precaución ante posibles actos terroristas, filón para que nadie pueda criticar esas restricciones) y ahora resulta que tampoco se puede utilizar la libertad de expresión para criticar una decisión… ¿qué nos queda?

«Actualmente ocho personas tienen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial (3600 millones de personas)»

Y mientras se critica a quienes expresan libre y pacíficamente sus opiniones se permite que sigan creciendo las desigualdades, que los derechos para la mayor parte sean cada vez menores. Vean estos titulares: ´Las tres personas más ricas de España acumulan la misma riqueza que el 30% más pobre del país (14,2 millones de habitantes) ` o ´el 10% de los españoles más ricos concentran más riqueza (un 56,2%) que el resto de la población`. Y si nos atenemos a un marco único mundial, actualmente ´ocho personas tienen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial (3.600 millones de personas) `

A lo mejor también alguien dice que es antidemócrata denunciar estos hechos, pero los mismos se producen gracias a las leyes creadas y/o mantenidas en democracia y a que las grandes fortunas puedan utilizar libremente las Sicav para pagar muchos menos impuestos que el resto de los ciudadanos, aunque muchos de estos últimos no lleguen a final de mes.

Fondos de salvación

Hemos llegado a ese punto de ´libertad` por el que los que poseen grandes capitales utilizan los paraísos fiscales (que siguen siéndolo sin que nadie actúe) para enriquecerse más y con ello forzar la bolsa y los índices económicos, forzando a su vez a  los estados a hacer reformas laborales, ajustes, cambios de leyes que, ¡oh, que sorpresa!, favorecen al gran capital y a la brecha cada vez más grande de desigualdades. Y todo eso, por supuesto, teniendo que dar las gracias a tener esta ´bendita` democracia.

Mientras el Banco de Santander puede anunciar unos beneficios de 6.204 millones de euros o Iberdrola (una de las eléctricas que nos trae de cabeza a todos por la subida de los precios) de 2.705 millones de euros, las familias acuden a los ´fondos de salvación` de ayuntamientos y comunidades autónomas para conseguir que no les corten la luz. Pero así son las leyes de nuestra democracia.

Pues yo con todo esto saco una conclusión, creo en los derechos que ofrece la democracia pero no en quienes los ejecutan ni en la forma de ejecutarlos.

Desde los 14 años dedicado a esta profesión del periodismo en la que ha ejercido en todos los niveles, desde corresponsal a editor. En la actualidad es el director de los medios de comunicación AQUÍ.