Contradicción vacacional

El cúmulo de significados que rodean el fenómeno de las vacaciones es inmenso para nosotros, ciudadanos de las democracias contemporáneas

- Escrito el 08 septiembre, 2017, 7:52 pm
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Solo su significado recorre metáforas como la socorrida ´cargar las pilas` o la ´desconexión` de la ciudad, de carácter galvánicovoltaico y tan ricas en matices incluso espirituales, pues esa desconexión puede aludir a un regreso a la naturaleza primitiva, a los hobbies apartados durante los largos periodos laborales, o directamente a recuperar el contacto divino a través de retiros o recorridos como el camino de Santiago.

«Las vacaciones van asociadas al trabajo, como condición desde la cual se conforman en contraposición antagónica, como es natural»
La transformación vivida en España

Las vacaciones se hacen de muchas maneras, y no podemos analizarlas todas. Pero indefectiblemente van asociadas al trabajo, como condición desde la cual se conforman en contraposición antagónica, como es natural. En realidad, apelan a la sociedad en su conjunto, en sus aspectos más materiales si se quiere así (a sus carreteras, vías de alta velocidad, aeropuertos, ninguno de los cuales exento de polémica como es bien sabido); así como en otros más nebulosos, como sus ideales o deseos (que se plasman siempre a través de bienes de consumo, por otra parte). Vamos a fijarnos en una de sus variaciones: la del veraneante o turista, que en nuestro territorio ha adquirido un alcance global.

Antes observemos la transformación que se ha vivido en España. En un intervalo brevísimo se ha pasado de ser una sociedad de escaseces (el coche cargado, suegra inclusive y bocatas de tortilla para tres días), a otra ´ultra-avanzada`, de forma que satisfará a los amantes del presentismo, aunque arredrará a los observadores de lo pretérito. Me explico.

Los tiempos de ruptura con el régimen de vida ordinario (los ´fastos`), han existido siempre. Pero debemos reconocer que antiguamente, estos iban siempre asociados a festividades vinculadas a lo sagrado, que en nuestro ámbito solía corresponder a un estoico senequismo más bien adusto por la pobreza generalizada de la población. El contraste con el presente no puede ser mayor. Cualquier signo de contención ha desaparecido en una especie de fiesta superlativa que parece extenderse por doquier, aunque afecta especialmente a nuestras zonas costeras como una enfermedad que se propaga sin conciencia de sus consecuencias y con la anuencia cómplice del afectado. Aquél tiempo sagrado ha desaparecido, sustituido por una forma de ruptura que tiende a arrasar con todo, esquilmando entornos y recursos, convirtiendo en un parque de atracciones la realidad misma, objeto de consumo vacacional.

Esta rápida transformación que se ha vivido provoca un alejamiento prácticamente total respecto al pasado conformador de una realidad ajena a otro tiempo que no sea el ahora, lo que provoca una crisis de identidad colectiva donde se busca cualquier forma de reconocimiento. Aunque muchos habrá que aplaudan semejante distanciamiento, detractores del pasado, pues no se amolda a los valores contemporáneos.

«Las reacciones agresivas que estamos viendo respecto a ese turismo totalizador asociado a las postindustriales vacaciones encubren una simplicidad verdaderamente asombrosa»
Saturación prácticamente total

Ahora, con una saturación prácticamente total y batiendo récords mayores cada año, los ciudadanos se cansan de la presencia constante del turista, género en sí mismo del mayor interés en la actualidad. Y aparece el vandalismo. Quizá porque no compensa la molestia con los beneficios que aporta el veraneante, quizá porque con la tecnología en progreso continuo, los mecanismos de ahorro compiten con el esfuerzo hacia el consumo en que mide el indígena el interés por el forastero, o quizá sencillamente porque agota contemplar esa riada interminable de rostros alegres y despreocupados, embadurnados de protector solar y pamelas o sombreritos.

Las reacciones agresivas que estamos viendo respecto a ese turismo totalizador asociado a las postindustriales vacaciones encubren una simplicidad verdaderamente asombrosa, aunque no por ello menos merecedoras de observación. Pretender detener estos procesos migratorios cuasiestacionales de seres humanos a través de la violencia callejera, es como esos ríos que afronta la manada de ñus y salva con asombrosa indiferencia aun a costa de unos pocos. Por otra parte, el propio modelo económico del país no puede desprenderse sin más del turismo vacacional, algo que sabe hasta el analfabeto más conspicuo, es decir, el analfabeto entrenado, es decir, lo que ahora se llama ´el especialista`.

«No nos miremos a nosotros mismos con reprobación, pues no somos sino parte de ese monstruo que crece inexorablemente»
Fortaleciendo el leviatán

Exigimos esa desconexión con la nefasta cotidianeidad, salir, irse, viajar, perder de vista lo de todos los días y huir. No se puede detener al leviatán. No nos miremos a nosotros mismos con reprobación, pues no somos sino parte de ese monstruo que crece inexorablemente. Siempre habrá fanáticos del posibilismo, reconciliadores, apelando a la sostenibilidad y al cambio, al ecologismo o a las alternativas limpias, es igual. Mientras tanto, Benidorm avanza en su proyecto de declararse Patrimonio de la Humanidad, como una nueva Palmira, tal vez con mayor mérito y razón que ninguna otra ciudad, pues ninguna es más representativa ahora de lo que es la costa levantina y puede que España en su totalidad.

No obstante, también en este contexto de capitalismo avanzado se manifiesta la infame contraimagen, el enemigo que representa una amenaza mayor que el del vandalismo: el terrorismo. En Barcelona ambas formas de violencia se han sucedido prácticamente sin interrupción este verano. Conviene no olvidar que el terrorismo étnico que se llevó a cabo aquí en el pasado ha sido superado por otro global que ataca al modelo de sociedad entera, el europeo u occidental, por llamarlo de alguna manera, (lo que algunos restringen mal a ´sus valores`, puesto que los terroristas nunca matan idealidades abstractas, sino siempre a personas de cuerpos materiales, hasta exterminarlos, en el límite). Pero este fenómeno escapa a los límites aquí marcados.

En definitiva, acontecimientos que se dan en nuestra ´contornada`, que nos ocurren a nosotros mismos, porque estamos todos metidos en el asunto, mientras transcurre agosto, cada vez más cálido (ese es otro tema). Y nuestras ganas de no regresar a lo cotidiano aumentan. Y con ellas, se fortalece el leviatán.

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