Edúcame otra vez

Artículo de opinión de Paco Soler

- Escrito el 09 noviembre, 2018, 11:00 am
5 mins
paco-soler-concejal-ayuntamiento-santa-pola

Resulta interesante unas veces y recurrente otras, que la sociedad construye episodios que encarnan la placidez de la educación desde una perspectiva costumbrista. ¿Quién piensa que su hijo no está recibiendo una buena información?

 

Diferente preparación

Todos queremos que nuestros hijos reciban una educación mejor que la que nosotros recibimos. Pero, ¿eso sucede? A mi juicio, la educación en España contiene elementos tan dispersos que, según el centro dónde se estudie y si los modelos son privados, semiprivados o públicos, el alumno sale más o menos preparado, aunque, al final, todo depende de la capacidad del alumno, de su compromiso y de su intelecto.

Algo parecido ocurre con las universidades. La presentación en sociedad de los que han cursado estudios en la concertada siempre contiene tintes embaucadores en los que subyace la exquisitez y, por qué no decirlo, algunos toques más propios de claustros sectarios.

Por nuestras ciudades pululan una gran cantidad de monstruitos, fruto del fracaso escolar y difícilmente recuperables

 

Espacio de competitividad

Nuestro sistema educativo ha entrado en una espiral de retos. Desde el inicio del proyecto educativo se perfila la ansiedad de conseguir entrar en el espacio de la competitividad, cortejando las mejores mentes, pero obviando la capacidad del resto. Lo cual, genera individuos hostiles, ya que se encierran en colectivos de segunda.

Eso es una verdadera barbaridad y va en contra de cualquier sociedad igualitaria. ¿Cuál es el resultado? Claramente lo estamos viendo en el día a día: acoso, machismo prematuro, encorsetamiento social y fractura familiar entre otras.

La formación de un profesor es fundamental para transmitir el germen de la enseñanza con una trazabilidad reordenada desde la empatía

Por nuestras ciudades pululan una gran cantidad de monstruitos, fruto del fracaso escolar y difícilmente recuperables mientras no se cambie el modelo y los protocolos establecidos. Especialmente el que atañe al reciclaje del profesorado en cuanto a formación se refiere. Porqué, no nos engañemos, la formación de un maestro o un profesor es fundamental para transmitir el germen de la enseñanza con una trazabilidad reordenada desde la empatía.

 

Compromiso y vocación

Para mí, y para muchos, el mejor sistema educativo es el finlandés. Un sistema basado en el respeto y el esfuerzo compartido. Hasta los siete años basa su modelo en uno similar a nuestro país, pero su ideario es diferente.

Durante seis años está siempre con el mismo maestro en todas las asignaturas, lo cual crea un clima cálido. Sólo acuden a clase cuatro o cinco horas, y el sistema posibilita que los niños jueguen más y aprendan a pensar. Los docentes deben pasar por exigentes pruebas que no todos superan, ya que lo que se busca es el compromiso y la vocación, no la figura funcionarial del sistema como meta final.

 

Adoctrinamiento

Es fundamental el consenso político que aporte estabilidad y que, sobre todo, acabe con las desigualdades de diversidad educacional sectaria. A mi modo de ver, si todos los centros fuesen gratuitos, con sistema igualitario y productivo, pero con garantías de una formación eficaz, nuestros hijos recibirían una formación de mayor nivel.

Los padres y madres deben ser más partícipes de la vida educativa de sus hijos, demostrando además respeto a los educadores

Lo demás no se llama educación, se llama adoctrinamiento. Por otra parte, se debe implicar más a los padres y madres, de una forma más contundente, haciéndoles partícipes de la vida educativa de sus hijos y generando expectativas de futuro favorables, siendo los primeros en mostrar respeto a los educadores como ejemplo a seguir.

En definitiva, no podemos dejar que la educación siga su declive, debemos actuar ya. Pero claro, para ello es fundamental la implicación de todas las Administraciones, construyendo un escenario consensuado que permita conservar la diversidad cultural y la identidad como pueblos. Sólo así llegaremos a tener ciudadanos del mismo nivel, formados y preparados para relevarnos en un mundo que cada más adquiere dimensiones más autodestructivas. Es para pensárnoslo.