El embrión del antisistema

Esta pregunta me la hago constantemente: ¿Por qué existen los antisistemas? Estoy seguro que cualquier sociólogo respondería con el manual entre los dientes Pero lo que yo me pregunto subyace bajo el trasfondo social ordinario, de la calle, de las luces y sombras de una sociedad moderna pero en desuso. Es fácil observar y darse cuenta de que los antisistemas germinan a cusa de que generaciones previas intentan ordenar sus vidas, de hecho el antisistema no nace, se hace. Como padres me temo que hemos fracasado. Nuestro afán por trazar un futuro preestablecido y obviar las consecuencias se ha convertido en el mayor de los errores. En Santa Pola, hace cuarenta años, se disfrutaba de la vida. Había pocas normas que no tuvieran carácter de seguridad. El régimen franquista se cuidaba muy mucho de ejercer su férreo control en todo el país, sin embargo, en pueblos pequeños como el nuestro, existía cierta libertad que nos permitía a los jóvenes gozar de noches sin horas, espacios con música y coqueteos con el cannabis. Nadie se quejaba. A ver quién era el guapo que molestaba a la Guardia Civil por tonterías. Santa Pola era la envidia de nuestro entorno, mar, sol y diversión, pero ahora… Lo que resulta curioso es que son aquellos que disfrutaron de aquella época, lo digo por la edad, ya que hoy pueden tener setenta años, los que hoy se quejan, forman asociaciones y presentan demandas judiciales que perjudican gravemente la estabilidad laboral y social de una ciudad. Obviamente no serán todos, pero por edad están en el cupo. Los efectos de la legislación Soy un firme defensor de las normas, sin embargo, cuando entramos en el ámbito del progreso, me refiero al progreso social, laboral, cultural o lúdico, a mi juicio se legisla con demasiada frivolidad, incluso con demasiada incoherencia. Santo Pola vive básicamente de industrias precarias y servicios. Es una ciudad de emprendedores. Sin embargo les ahogamos con normas, reglamentos y ordenanzas que les impiden prosperar, incluso nos atrevemos a evaluar sus beneficios. “Estos se están forrando”, pronostican algunos. Es evidente que cumplimos con la legalidad pero, ¿hemos de asumirla con sumisión? ¿no deberíamos luchar por sus derechos? Se pueden promover iniciativas legislativas, acciones de presión, cualquier cosa antes que optar por la pasividad y dejar que nuestro pueblo se convierta en un cementerio sin futuro. La sumisión es inherente a la rendición y no conozco ningún pueblo, ciudad o nación que haya forjado su futuro con la rendición como emblema. «Trump es una fábrica de yihadistas, Rajoy de independentistas y, los sumisos de las leyes, de antisistemas» Todo lo dicho se conforma en un contexto en el que germina la incomprensión de una juventud que sólo pretende reafirmar sus derechos como ciudadanos en la misma medida y naturaleza que los que protestan continuamente. ¿Dónde empiezan los derechos de unos y acaban los deberes de otros? Trump es una fábrica de yihadistas, Rajoy de independentistas y, los sumisos de las leyes, de antisistemas. Puede que esta reflexión comporte elementos cáusticos pero, sin lugar a dudas, merece una atención en profundidad. Post Views: 922

Artículo de opinión de Paco Soler

- Escrito el 10 marzo, 2017, 8:10 pm
4 mins
Esta pregunta me la hago constantemente: ¿Por qué existen los antisistemas? Estoy seguro que cualquier sociólogo respondería con el manual entre los dientes

Pero lo que yo me pregunto subyace bajo el trasfondo social ordinario, de la calle, de las luces y sombras de una sociedad moderna pero en desuso. Es fácil observar y darse cuenta de que los antisistemas germinan a cusa de que generaciones previas intentan ordenar sus vidas, de hecho el antisistema no nace, se hace. Como padres me temo que hemos fracasado. Nuestro afán por trazar un futuro preestablecido y obviar las consecuencias se ha convertido en el mayor de los errores.

En Santa Pola, hace cuarenta años, se disfrutaba de la vida. Había pocas normas que no tuvieran carácter de seguridad. El régimen franquista se cuidaba muy mucho de ejercer su férreo control en todo el país, sin embargo, en pueblos pequeños como el nuestro, existía cierta libertad que nos permitía a los jóvenes gozar de noches sin horas, espacios con música y coqueteos con el cannabis. Nadie se quejaba. A ver quién era el guapo que molestaba a la Guardia Civil por tonterías. Santa Pola era la envidia de nuestro entorno, mar, sol y diversión, pero ahora… Lo que resulta curioso es que son aquellos que disfrutaron de aquella época, lo digo por la edad, ya que hoy pueden tener setenta años, los que hoy se quejan, forman asociaciones y presentan demandas judiciales que perjudican gravemente la estabilidad laboral y social de una ciudad. Obviamente no serán todos, pero por edad están en el cupo.

Los efectos de la legislación

Soy un firme defensor de las normas, sin embargo, cuando entramos en el ámbito del progreso, me refiero al progreso social, laboral, cultural o lúdico, a mi juicio se legisla con demasiada frivolidad, incluso con demasiada incoherencia. Santo Pola vive básicamente de industrias precarias y servicios. Es una ciudad de emprendedores. Sin embargo les ahogamos con normas, reglamentos y ordenanzas que les impiden prosperar, incluso nos atrevemos a evaluar sus beneficios. “Estos se están forrando”, pronostican algunos. Es evidente que cumplimos con la legalidad pero, ¿hemos de asumirla con sumisión? ¿no deberíamos luchar por sus derechos? Se pueden promover iniciativas legislativas, acciones de presión, cualquier cosa antes que optar por la pasividad y dejar que nuestro pueblo se convierta en un cementerio sin futuro. La sumisión es inherente a la rendición y no conozco ningún pueblo, ciudad o nación que haya forjado su futuro con la rendición como emblema.

«Trump es una fábrica de yihadistas, Rajoy de independentistas y, los sumisos de las leyes, de antisistemas»

Todo lo dicho se conforma en un contexto en el que germina la incomprensión de una juventud que sólo pretende reafirmar sus derechos como ciudadanos en la misma medida y naturaleza que los que protestan continuamente. ¿Dónde empiezan los derechos de unos y acaban los deberes de otros? Trump es una fábrica de yihadistas, Rajoy de independentistas y, los sumisos de las leyes, de antisistemas. Puede que esta reflexión comporte elementos cáusticos pero, sin lugar a dudas, merece una atención en profundidad.