España cainita

En el diccionario de la R.A.E. el término cainismo proviene de Caín, el primer fratricida de la historia que, según la Biblia, mató por celos a su hermano Abel, y significa actitud de odio o fuerte animadversión contra allegados o afines

- Escrito el 03 octubre, 2017, 11:30 am
9 mins

Además de ser una conducta agresiva observada en algunas aves rapaces y otros animales, lo es también de ese animal racional que es el hombre y una ´afición` que desgraciadamente practica el español medio y que hace de nuestro país un genuino país cainita donde los haya.

«Probablemente el nacionalismo ha sido uno de los elementos que más ha contribuido a alimentar continuamente ese cainismo»

Este cainismo o sectarismo se remonta a nuestro pasado histórico y continúa con la repetida y resignada expresión de las ´dos Españas` de la que algunos hacen gala al estar situados en el lado bueno y justo: los progresistas frente a los conservadores, los de izquierdas frente a los de derechas, los de la casta y los asamblearios, etc. Pero probablemente el nacionalismo ha sido uno de los elementos que más ha contribuido y contribuye, a la luz de los últimos acontecimientos, a alimentar continuamente ese cainismo que tanto envenena la convivencia en nuestro país.

Tomar partido

En la escena política actual prolifera como nunca este tomar partido por una parte de por vida como una obligación antes de hablar y de dar una opinión: hay que posicionarse para poder, desde esa triste normalidad que nos caracteriza, sentir el calorcillo de nuestro grupo. Puede entenderse y hasta perdonarse en el caso del fútbol. El que les escribe es seguidor del mismo equipo desde crío, en ocasiones a pesar del presidente, de la afición, del entrenador, etc. ¿Qué le vamos a hacer? Pero en el caso de la política, se torna en preocupante cuando uno decide separarse y enfrentarse a la otra parte, aunque sean más cosas las que nos unen que las que nos separan.  Además, no se acepta y se cataloga como de la peor calaña a aquel que cambia de bando, pues supone un acto de alta traición al separarse del bando de los justos y de los buenos.

«El cainismo se expande en cualquier tipo de ideología y se basa en la negación absoluta de que pueda venir nada bueno de la otra parte»

El cainismo se expande en cualquier tipo de ideología (de izquierdas o de derechas) y se basa en la negación absoluta de que pueda venir nada bueno de la otra parte. Aunque la curiosa paradoja consiste en que necesita del otro extremo para tener razón de ser, pues se define en términos de negación de ese otro polo. Véase, por ejemplo, el secesionismo y el independentismo catalán de este último año. El que no está en tu bando, en tu partido, es el origen de todos los males que afectan a la sociedad. De ahí el tópico: “al enemigo, ni agua”.

Una vez situado el cainita en la secta partidista, no necesita de reflexión crítica, aunque enarbole la bandera del pensamiento crítico, de la libertad y de la democracia. Basta con repetir el ideario de las mentes pensantes de dicha secta o incluso, algo más fácil, negar por definición lo que dicen los del otro bando sin pararse a analizar lo que de útil o acertado pueda tener. Después nos llenamos la boca con que somos críticos y demócratas y que defendemos la libertad frente a los enemigos que se sitúan frente a nosotros.

Razonamientos

La forma de ´razonar` del cainita y sectario es falaz y bipolar: no se discuten ni rebaten los argumentos, sino que se atacan a las personas que los dicen por pertenecer al bando contrario; además, lo entiende todo como un juego de extremos irreconciliables tales como bueno-malo, o conmigo o contra mí. Olvida que existe toda una escala cromática de ideas y puntos de vista a partir de los cuales se puede llegar a un acuerdo.

«El sectario necesita de otro sectario en el otro bando o partido como forma de justificación de su propio partidismo»

El cainismo produce un sectarismo que necesita construirse a un enemigo justo enfrente, separado pero cercano, contra el que poder chocar como forma de identidad sectaria. Desde luego, no se analiza en qué aspectos se puede estar de acuerdo y en cuáles no: el enemigo lo es en todo y por todo. El sectario necesita de otro sectario en el otro bando o partido como forma de justificación de su propio partidismo. Y precisamente ahí radica la debilidad de su razonamiento, pues le mueve una fe ciega, por muy ateo que pueda declararse en ocasiones, en tener razón en todo (curiosa paradoja) y en pensar que los del otro extremo se equivocan en todo y son responsables de todos los males, cosa que afirma sin necesidad de aportar pruebas pues es un acto de fe.

El propósito de este sectarismo ofensivo es arrinconar y reducir al otro bando a su mínima expresión, provocando en la otra parte un sectarismo a la defensiva en la que unos y otros exageran sus diferencias hasta el absurdo y el sinsentido.

Cuando uno se ve atrapado en este cainita juego, por acción o por dejación, el individuo pierde la libertad de elegir la mejor opción en cada momento, porque se tiene el temor de dejar de pertenecer a la secta partidista quedando en un limbo indefinido que no será tolerado por ninguno de los dos bandos extremos: la equidistancia ante algunas cuestiones es de cobardes.

Autocrítica

A los que evitamos jugar a este peligroso juego no nos va mejor. Como uno no se sitúa con claridad en un uno u otro polo, se nos mira con desconfianza y somos una incómoda compañía pues nuestras ideas y argumentos no son predecibles ni se ajustan a la tópica cainita. Por ello, al parecer, al estar en una especie de tierra de nadie se pueden recibir palos y tortas de uno y otro lado.

Se puede ser derechas o de izquierdas, progresista, liberal o conservador, etc. sin por ello tener que ser un sectario. ¿Es que no se puede ser autocrítico con los nuestros sin ser tachado de traidor o chaquetero? El bipartidismo político de nuestra democracia ha contribuido a la gobernabilidad, pero ha generado un sectarismo militante que ni siquiera se ha mitigado en las últimas elecciones con la aparición de dos nuevos partidos, con lo que ello supone de quebrantamiento de una convivencia pacífica. En lugar de buscar el fratricidio del ´no semejante` y del ´no afín`, deberíamos pensar que seguramente sin el justo reconocimiento del otro la libertad y la igualdad no se puedan realizar. A lo mejor es más importante el modelo de sociedad que defendemos y que debemos compartir con los demás que la pertenencia o no a una determinada secta cainita.

Eduardo Martín | Profesor de Filosofía