¿Ha dicho Usted que ´todo es relativo`?

Artículo de opinión de Eduardo Martín | Disgresiones filosóficas

- Escrito el 26 marzo, 2018, 9:00 pm
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Vivimos en la era del ´todo vale igual`, en un tiempo en el que el relativismo impera en nuestros juicios morales, políticos, estéticos y científicos, hasta el punto de igualar peligrosamente en valor la ciencia y la pseudociencia. Se produce una negación absoluta de los principios o valores universales de la tradición pasada que nos hace creer que somos más libres cuando en realidad esta nociva actitud relativista nos hace vivir en un mundo sin rumbo.

Mordaza en la boca
«Cuando alguien pronuncia ese perverso y perezoso mantra cancela la posibilidad del pensamiento y la reflexión y nos coloca una mordaza en la boca»

Cuando alguien pronuncia ese perverso y perezoso mantra de que ´todo es relativo` lo que está haciendo es cancelar la posibilidad del pensamiento y la reflexión y colocarnos una mordaza en la boca. No sabemos si es una forma de escapar del diálogo por cobardía o pereza intelectual, pero no debemos dejarnos llevar por esta negación, pues una cosa es cierta: no es lo mismo pensar la realidad que no pensarla.

Pasamos de la idea universalista de que la excepción confirma la regla a la idea contraria de que la excepción es precisamente lo que destruye la regla general y el valor de la decisión o la acción es tan variable o diverso como los individuos, los entes colectivos o las culturas. Y eso es un problema porque necesitamos darnos normas y principios de acción comunes para vivir en una sociedad pacífica, lo que implica necesariamente que en algunos ámbitos unas cosas son mejores que otras, sin caer en un ciego universalismo absolutista.

Lo contrario es un lujo que no podemos permitirnos: renunciar a la reflexión indagatoria en busca del mejor juicio y decisión posible, del mejor canon o modelo presente que, con el tiempo, pueda ser sustituido por otro mejor. En eso consiste la filosofía que huye tanto del ciego universalismo como de su extremo: el perverso relativismo.

Juicio de valor
«Los juicios morales emanan de una situación real y tienen un componente cognoscitivo racional que aspira a una ´universalidad`»

Surge, pues, una pregunta que pone el dedo en la llaga: ¿las cosas son valiosas porque descubrimos una realidad que efectivamente es valiosa o, por el contrario, se construye de manera subjetiva? Los partidarios de la segunda opción entienden que los juicios de valor morales no tienen ningún valor intrínseco (´bueno`, ´malo`…), sino que dicho valor depende del agrado, desagrado, interés o desinterés del que emite el juicio valorativo en cada momento. Es una cuestión de sentimiento o afecto del sujeto moral.

Los que apoyan la primera opción replican, y no les faltan los motivos, que los juicios morales no cuelgan erráticamente del aire sin apoyo en la realidad, sino que emanan de una situación real y tienen un componente cognoscitivo racional que aspira a una ´universalidad` que puede ser compartida. Una prueba que demuestra una cierta ´objetividad` de los juicios morales, que hace que unos sean mejores y superiores a otros, es el hecho de que sean comunicables y que nos podamos poner de acuerdo en objetos y hechos que nos producen admiración, indignación, etc. Es más, necesitamos compartir cierta óptica valorativa para vivir juntos en sociedad y tomar decisiones morales y políticas que tienen consecuencias sobre los demás.

Aquí es donde este relativismo moral subjetivista se torna en el nocivo relativismo cultural que sostiene que la verdad de los juicios morales depende de la comunidad humana. Diferentes culturas y formas de vida justifican diferentes moralidades y de paso esto sirve para construir nuevas identidades para atrincherarse frente a un enemigo exterior. Esta forma de relativismo da un giro de ciento ochenta grados hasta tocar a su contrario, el dogmatismo del cabeza cuadrada, al encerrarse en una doctrina que no acepta ningún cambio de creencia, costumbre o idea propia con la excusa de que la suya es tan buena como lo de cualquier otro en un lugar diferente. Un ejemplo lo encontramos en la barbaridad de justificar o tolerar la ablación del clítoris en algunos países africanos.

Todo o nada

El error del relativismo moral radica en practicar un todo o nada que no tolera ese punto medio sopesado y deliberado entre dos extremos del que hablaba Aristóteles: o somos universalistas extremos o somos relativista a ultranza. La cuestión del relativismo tiene que ver con el valor y el bien y esto siempre necesita de un punto de referencia concreto con el que establecer una comparación. Cuando el relativista dice que ´todo depende de`, dice algo correcto en el sentido de que hay que establecer un punto de referencia para valorar las cosas, pero comete a continuación el error de negar que se pueda establecer una escala de lo mejor a lo peor, aunque esta no sea de manera definitiva y para siempre. Preferimos vivir en una sociedad donde imperen los principios éticos de la justicia, la compasión, la clemencia, la solidaridad y la no discriminación a una sociedad que carezca de ellos.

Recordemos la letra sabia de ese tango titulado Cambalache para entender que todavía en el s. XXI seguimos perdidos sin rumbo con la falsa creencia de pensar que somos más libres: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor; ignorante sabio o chorro, pretencioso estafador; todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor; no hay aplazaos, ni escalafón, los inmorales nos han igualao… Si uno vive en la impostura y otro afana en su ambición; da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón” …