La confusa noción de ´adoctrinamiento`

DIGRESIONES FILOSÓFICAS | Artículo de opinión de Ángel Martín

- Escrito el 04 septiembre, 2018, 9:00 am
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Una de las preocupaciones principales, dentro del sistema educativo, es la presencia de zonas o espacios donde se pueda ejercer algún tipo de fuerza ideológica sobre el alumnado.

Parece, por otra parte, que en un sistema educativo democrático esta posibilidad es considerada por algunos como sencillamente imposible. Para estos la pluralidad y racionalidad intrínseca a un sistema educativo inmerso en las formas democráticas pacíficas excluye en sí mismo cualquier forma de autoritarismo, como el que representa el adoctrinamiento. En cualquier caso, si existiere, dirían, sería a causa de déficits democráticos presentes todavía en esas áreas o esferas que serían deseable eliminar.

«A veces el envoltorio de legitimidad democrática encierra una manipulación activa»

Hay situaciones y ejemplos que, envueltos precisamente en legitimidad democrática, encierran una manipulación activa por el uso deliberado y tendencioso de la ´retórica ideológica`, núcleo esencial de la idea de adoctrinamiento.

Imposición de la doctrina

El DRAE recoge, como una de las acepciones de este término, la inculcación ´con ahínco en el ánimo de alguien` de alguna idea o creencia, concepto o conjunto de todos ellos. Parece que se ha llevado al límite esta noción, hasta el punto de convertirla en una caricatura deforme de lo que es. La doctrina se imponía desde la infancia a través de la repetición, el miedo y el castigo, de forma completamente ciega e irracional. Esta negrísima idea parece que es la que prevalece cuando se piensa en esta cuestión.

Sin embargo, el adoctrinamiento es un fenómeno que acepta una gama de matices mucho más extensa. Los niños, por ejemplo, son adoctrinados en principios básicos de convivencia en una avanzada mediación racional, entendiendo por tal una argumentación compleja capaz de sostener el cuerpo de doctrinas aceptadas socialmente. Aquí reside el núcleo de la idea alternativa al adoctrinamiento, el de la mera ´educación`.

Se educa, según esta concepción maniquea, cuando se transmiten no ya solo los valores o ideas aceptados colectivamente, sino cuando se lleva a cabo mediante instrumentos ´puramente` racionales (también se dice ´por el diálogo`). Es en la transparencia de las ideas empleadas y de los métodos utilizados donde reside su fuerza de obligar. Hannah Arendt entendía la racionalidad como una coacción no coactiva, siendo este aspecto fundamental para el pensamiento idealista que sostiene estas acepciones ciegas de intuición.

Juicios populares
«Es en el plano de las ideologías donde habría que situar esa polémica entre educación-adoctrinamiento»

La realidad, sin embargo, no se ajusta en a estas concepciones. Los mecanismos de adoctrinamiento funcionan en el presente a través de las formas productivas y reproductivas plurales, pero no menos vigorosas. Es en el plano de las ideologías donde habría que situar esa polémica entre educación-adoctrinamiento. Pues esta alude a una escala social que el plano abstracto oscurece en virtud de visiones de la educación descontextualizadas.

«Que dentro de los Estados se inculcan unas tendencias ideológicas frente a otras, con todos los recursos posibles, es una obviedad»

Que dentro de los Estados se inculcan unas tendencias ideológicas frente a otras con todos los recursos posibles es una obviedad que, no obstante, debe recordarse ante aquellos que identifican las ideologías —las suyas— con la verdad a secas. Que estas están tan deterioradas en sus núcleos y que la capacidad sistemática ha sido reducida a lemas o tweets lo demuestran las reacciones viscerales que se producen en forma de manifestaciones, escraches y otros juicios populares que, aunque no siempre generados espontáneamente, provocan respuestas casi automáticas con un grado de emotivismo moral alarmante.

En realidad, todo ello es gracias a una exitosa educación que ya inocula sus confusas ideas sin apenas resistencia ninguna, con una capacidad de adoctrinamiento blando ajustada a las necesidades, por otro lado también blandas —líquidas, gaseosas— del momento.

Diferentes corrientes

Por regresar al campo educativo, diríamos que pensar que el adoctrinamiento no se produce en las aulas, precisamente por la diversidad ideológica que existe en apariencia en cualquiera de sus instituciones, encierra dos aspectos contrapuestos que habrían de separarse.

En primer lugar, reconociendo una verdadera pluralidad de sistemas de ideas contrapuestos disperso en el cuerpo de los Estados, en sus ciudadanos, según los patrones sociológicos que hemos mencionado anteriormente. No cabe duda de que existe una guerra sin cuartel entre esos conjuntos de ideas que no excluye sus contradicciones internas. Algunos de esos conjuntos son directamente delictivos, subversivos o ilegales.

Otros son ideas que actúan sin necesidad de ninguna fuerza coactiva, firmemente instaladas en ese cuerpo de los Estados hasta el punto de que se convierten en creencias o convicciones comunes cuyo vigor se acrecienta con las manifestaciones públicas y acciones educativas. Así tenemos corrientes socialdemócratas, humanistas, populistas, conservadoras, liberales, nacionalistas. emprendedoras, ´empoderadoras`, independentistas, feministas, animalistas, ecologistas, pacifistas y un largo etcétera. ¿Vamos a decir que algunas de estas expresiones ceremoniales y las ideas que las sostienen no se ´inculcan con ahínco` en las instituciones educativas?

Ausencia de adoctrinamiento

En segundo lugar, detectando la ´mala fe` de quien encubre en la tesis de la ausencia de adoctrinamiento precisamente la cobertura perfecta para la legitimación de su ideología delictiva, subversiva o ilegal, pero también de las democráticas y utópicas, de las reivindicativas o empoderadoras, esas sí, ´educativas`.

Quien sustituye la necesidad continua de autoanálisis por una verdad prístina e inconmovible que se hace legítima y tan evidente que no necesita de mayor justificación, se mueve por el lodazal que la filosofía trata de evitar, no siempre con el éxito deseable e incluso en muchas ocasiones con una actitud sumisa y obediente que en nada se corresponde con la asebeia.

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