La fe, un compromiso con Dios y con el universo

Artículo de opinión de Paco Soler

- Escrito el 27 marzo, 2018, 9:00 pm
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Semana Santa, el compromiso de la fe cristiana con uno de los acontecimientos más sobresalientes de la Historia: la crucifixión de Jesús de Nazaret. Los cristianos se congregan para celebrar durante una semana, repleta de actos religiosos y procesiones, la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. La Iglesia vive su semana más reivindicativa, en la que las escrituras bíblicas confieren un significado trascendental a infinidad de gestos, detalles y matices, cuyo germen se inicio con la publicación de la Biblia traducida por el Cardenal Cisneros a principios del siglo XV.

El mundo cristiano se emociona con las procesiones en las que las imágenes dan vida a los pasajes de los libros sagrados. Sin embargo, las contradicciones afianzan especulaciones que la mayoría de seguidores de la fe cristiana prefieren obviar, dada su naturaleza polémica y gestante de emociones arraigadas en las tradiciones religiosas.

Culto de las imágenes
«´Ex 20, 4-5. Queda prohibido todo tipo de imágenes que representen a la divinidad`»

En mi opinión, un tema potencialmente conflictivo en términos de colisión científica es siempre inadecuado. En este sentido, debo rogar al lector que evite descontextualizar este artículo y observarlo desde la expresión libre que, en ningún momento cuestiona la fe de las personas, pero si restaura apartados bíblicos que se contradicen con los nodos actuales de la magnitud de las expresiones religiosas.

En lo referente al culto de las imágenes, en el Antiguo Testamento, estaba severamente prohibido el culto a todo tipo de imágenes, representación plástica de la divinidad o de lo sagrado. El primer mandamiento del Decálogo lo dice con palabras tajantes: “Ex 20, 4-5. Queda prohibido todo tipo de imágenes que representen a la divinidad”. De hecho, según las escrituras, la única imagen que Dios permitió construir fue el Arca de la Alianza. Sin embargo, según la Iglesia, hay que hacer notar que la prohibición se refiere directamente a la adoración de imágenes, no al mero hecho de hacerlas con tal que éstas nos sirvan de signo de la presencia de Dios, pero no se identifique con el mismo Dios.

Gestos invertidos

A estas alturas, muchos habrán adivinado que mi concepto de Dios no es el mismo que el de la Iglesia. Es cierto. No voy a entrar a discernir la naturaleza de mis creencias y, mucho menos, las de los demás. Las personas necesitamos creer en algo y, lo que sí es cierto, que la ciencia nos muestra evidencias de que ha habido participación divina o de otra naturaleza que nos ha dado un halo de esperanza, haciendo que nuestras preguntas sean cada vez más osadas.

Comprendo la plenitud emocional de las personas que se aferran a los principios de la fe como refugio conmovedor y sublime. Lo que no entiendo, son algunos comportamientos que contradicen sus actos. La paz es uno de los deseos que todos se dan en los oficios religiosos, sin embargo, esos deseos, para algunos, son efímeros y pasajeros, ya que cuando dejan atrás el templo, incluso en plena armonía con la comunión, no dudan es seguir sus comportamientos erráticos y malintencionados. Es la hipocresía del rencor. Todo parece un teatro en el que las funciones de la temporalidad confrontan gestos invertidos. Aunque, al final, lo que valga sea la foto.

Poderosa y frágil a la vez

La Iglesia es una institución poderosa y al mismo tiempo frágil. Algunos no olvidamos su amnesia a la hora de cumplir con determinadas obligaciones fiscales o su indulgencia frente a casos de abusos. Tampoco entendemos por qué altos cargos de la Conferencia Episcopal disfrutan de ciertos privilegios en muchos ámbitos; ni mucho menos comprendemos porque se apropian de espacios públicos que pertenecen al pueblo, inmatriculando activos inmovilizados históricos, palacios, mezquitas, etc.

No es ese el mensaje que algunos entendemos y que aparecen en las Sagradas Escrituras, en ellas se habla con claridad de la austeridad de Jesús, de su palabra de alabanzas para los pobres, de su mensaje de amor. Que nadie se preocupe por mí. Dios no me va a castigar. Si Dios es amor, ¿por qué iba a hacerlo?

Respeto a los demás
«La convivencia se basa en el respeto y esa debe ser la naturaleza de esta reflexión»

Espero no haber ofendido a nadie. Nada más lejos de mi intención. Siempre voy a respetar la fe de las personas, porque sin ella difícilmente miraríamos al cielo buscando respuestas. Mi exposición pretende recomponer una reflexión tan antigua como el pensamiento libre. La convivencia se basa en el respeto y esa debe ser la naturaleza de esta reflexión. Cada cual puede hacer con su vida lo que desee, siempre que no cruce la línea del respeto y la libertad de expresión. Y esa línea, como cualquier otra, debe ser el fundamento legislativo en ámbitos tan importantes como la educación, la solidaridad y la compasión.

La humanidad profesa confesiones diferentes, y todas ellas se fundamentan en la revelación y el pensamiento. La humanidad se merece una oportunidad, sin que existan imposiciones ofensivas o exclusivas. Dios es paz y amor, y eso no sólo hay que aceptarlo, sino entenderlo. A los cristianos que celebran su Semana Santa con esa devoción que les caracteriza les deseo que sus plegarias sean escuchadas y que disfruten de todos los actos previstos.