La única isla habitada de la Comunidad Valenciana

Solitaria en invierno, abarrotada en verano. Tabarca se transforma con los meses de calor. La población se multiplica, así como los negocios, restaurantes y vida callejera. Solo hay dos constantes inalterables todo el año: el fuerte viento marítimo y la población gatuna. Aunque pertenece administrativamente a Alicante, desde el principio nos damos cuenta que no estamos en un barrio o una pedanía más. Uno de los pescadores que faenan en el diminuto puerto nos regala una pequeña muestra del carácter isleño. “Yo nací en esta isla, soy un tabarquino auténtico” afirma con orgullo. Biología submarina La pequeña isla (1,8 km de una punta a otra) se divide en dos partes: el campo y el pueblo. La mejor manera de visitarla es comenzar por la primera. Cuesta encontrar un lugar de la Costa Blanca así, sin construcciones, ni chalets, ni tráfico. Solo el ruido de las olas contra las rocas. Su especial aislamiento convierte esta parte de la isla en un refugio natural de multitud de aves. Precisamente el observatorio de fauna y el faro son apenas las únicas construcciones que podemos encontrar por aquí. Refugio natural de aves y reserva protegida de vida marina También es un lugar muy afamado entre los amantes de la biología submarina. Sus aguas están protegidas, por lo que es posible encontrar especies marítimas casi inéditas en nuestras costas. No son pocos los que vienen para bucear por sus alrededores. El Pueblo Seguramente la caminata por el campo nos provocará las suficientes ganas de comer como para ir empezando a buscar algún restaurante de vuelta al pueblo. Los precios, no son los propios de una población tan pequeña. Aquí no hay una carretera que nos pueda llevar a otra localidad más asequible, y los lugareños lo saben. Aún así, podemos encontrar una oferta de arroces, pescado y comida mediterránea que no desmerece la belleza del lugar. Si se visita la isla por primera vez, recomendamos probar el famoso Caldero de Tabarca. Una receta local de pescado con morralla, gallina, ñora, tomate y arroz. La total inexistencia de vehículos posibilita que todos los bares y restaurantes tengan agradables terrazas exteriores donde poder comer tranquilamente al aire fresco. La playa Si se quiere bañar en la playa, probablemente antes de comer sea el momento perfecto. Tabarca no tiene kilómetros de arena, sino más bien un pequeño rincón en el que puedes darte el capricho de probar sus aguas. Una manera perfecta de descansar antes de seguir conociendo la isla. Con la piel mojada y el estómago lleno, ya es el momento de descubrir todos los rincones que nos ofrece este pequeño pueblo. Sus pequeñas calles blancas, su plaza mayor, la muralla, la iglesia de San Pedro y San Pablo… Es fácil de entender que muchos artistas hayan pasado largas temporadas aquí en busca de inspiración. El escritor malagueño Salvador Rueda la bautizó una vez como “La isla de los Poetas”. Historia Pero siglos atrás de la llegada de los artistas, Tabarca estaba habitada por gente de una calaña muy diferente. Durante muchos años fue ocupada por piratas que usaban la isla de fuerte para organizar sus escaramuzas hacia Alicante y demás localidades de la costa. Antaño fue una isla pirata, hasta que la repoblaron los italianos Tanto fue así que en el siglo XVIII hubo que crear una fortificación para evitar que fuera constantemente tomada por los corsarios. El rey Carlos III pobló la isla con familias de refugiados genoveses que se habían instalado provisionalmente en la tunecina isla de Tabarka. De ahí viene el actual nombre de la isla alicantina, y esta es la razón por la que entre sus habitantes aún se conservan ciertos apellidos italianos. Conexión con Alicante y Santa Pola El peculiar origen de los tabarquinos aún se nota cuando se tiene ocasión de hablar con ellos. Todos se sienten bien orgullosos de su isla, y no dudan en quejarse de los escasos servicios que les presta el Ayuntamiento de Alicante. Dado su mayor proximidad, Santa Pola también contribuye al mantenimiento de la isla. Recientemente el Centro de Salud santapolero estableció un nuevo servicio de telemedicina para reforzar su cobertura sanitaria. Es posible arribar a la isla en líneas regulares de barcos que transitan desde Alicante (22 km) y Santa Pola (8 km), si bien su frecuencia es mucho mayor en verano que en invierno. Fiestas Unas 60 personas viven todo el año en la isla. La población se multiplica en verano Las fiestas son en julio, y el Festival de Música Mediterránea cierra la temporada alta en octubre. Luego nada altera la tranquila rutina de los apenas 60 tabarquinos que habitan aquí durante todo el año. La mayoría de la gente joven se busca un trabajo en Alicante u otros lugares, y vuelven en verano. Allí se quedan entonces los jubilados, pescadores, observadores de aves y por supuesto, los incontables gatos. En ningún otro sitio son tan mimados por los lugareños como aquí. El maullido de estos felinos se pierde entre las ráfagas de viento de esta isla tan especial. Post Views: 6.813

Tabarca conserva una naturaleza y aspecto virginal casi desaparecidos en la costa mediterránea

- Escrito el 03 junio, 2017, 2:12 pm
7 mins

Solitaria en invierno, abarrotada en verano. Tabarca se transforma con los meses de calor. La población se multiplica, así como los negocios, restaurantes y vida callejera. Solo hay dos constantes inalterables todo el año: el fuerte viento marítimo y la población gatuna.

Aunque pertenece administrativamente a Alicante, desde el principio nos damos cuenta que no estamos en un barrio o una pedanía más. Uno de los pescadores que faenan en el diminuto puerto nos regala una pequeña muestra del carácter isleño. “Yo nací en esta isla, soy un tabarquino auténtico” afirma con orgullo.

Biología submarina

La pequeña isla (1,8 km de una punta a otra) se divide en dos partes: el campo y el pueblo. La mejor manera de visitarla es comenzar por la primera. Cuesta encontrar un lugar de la Costa Blanca así, sin construcciones, ni chalets, ni tráfico. Solo el ruido de las olas contra las rocas.

Su especial aislamiento convierte esta parte de la isla en un refugio natural de multitud de aves. Precisamente el observatorio de fauna y el faro son apenas las únicas construcciones que podemos encontrar por aquí.

Refugio natural de aves y reserva protegida de vida marina

También es un lugar muy afamado entre los amantes de la biología submarina. Sus aguas están protegidas, por lo que es posible encontrar especies marítimas casi inéditas en nuestras costas. No son pocos los que vienen para bucear por sus alrededores.

El Pueblo

Seguramente la caminata por el campo nos provocará las suficientes ganas de comer como para ir empezando a buscar algún restaurante de vuelta al pueblo. Los precios, no son los propios de una población tan pequeña. Aquí no hay una carretera que nos pueda llevar a otra localidad más asequible, y los lugareños lo saben.

Aún así, podemos encontrar una oferta de arroces, pescado y comida mediterránea que no desmerece la belleza del lugar. Si se visita la isla por primera vez, recomendamos probar el famoso Caldero de Tabarca. Una receta local de pescado con morralla, gallina, ñora, tomate y arroz.

La total inexistencia de vehículos posibilita que todos los bares y restaurantes tengan agradables terrazas exteriores donde poder comer tranquilamente al aire fresco.

La playa

Si se quiere bañar en la playa, probablemente antes de comer sea el momento perfecto. Tabarca no tiene kilómetros de arena, sino más bien un pequeño rincón en el que puedes darte el capricho de probar sus aguas. Una manera perfecta de descansar antes de seguir conociendo la isla.

Con la piel mojada y el estómago lleno, ya es el momento de descubrir todos los rincones que nos ofrece este pequeño pueblo. Sus pequeñas calles blancas, su plaza mayor, la muralla, la iglesia de San Pedro y San Pablo…

Es fácil de entender que muchos artistas hayan pasado largas temporadas aquí en busca de inspiración. El escritor malagueño Salvador Rueda la bautizó una vez como “La isla de los Poetas”.

Historia

Pero siglos atrás de la llegada de los artistas, Tabarca estaba habitada por gente de una calaña muy diferente. Durante muchos años fue ocupada por piratas que usaban la isla de fuerte para organizar sus escaramuzas hacia Alicante y demás localidades de la costa.

Antaño fue una isla pirata, hasta que la repoblaron los italianos

Tanto fue así que en el siglo XVIII hubo que crear una fortificación para evitar que fuera constantemente tomada por los corsarios. El rey Carlos III pobló la isla con familias de refugiados genoveses que se habían instalado provisionalmente en la tunecina isla de Tabarka.

De ahí viene el actual nombre de la isla alicantina, y esta es la razón por la que entre sus habitantes aún se conservan ciertos apellidos italianos.

Conexión con Alicante y Santa Pola

El peculiar origen de los tabarquinos aún se nota cuando se tiene ocasión de hablar con ellos. Todos se sienten bien orgullosos de su isla, y no dudan en quejarse de los escasos servicios que les presta el Ayuntamiento de Alicante.

Dado su mayor proximidad, Santa Pola también contribuye al mantenimiento de la isla. Recientemente el Centro de Salud santapolero estableció un nuevo servicio de telemedicina para reforzar su cobertura sanitaria.

Es posible arribar a la isla en líneas regulares de barcos que transitan desde Alicante (22 km) y Santa Pola (8 km), si bien su frecuencia es mucho mayor en verano que en invierno.

Fiestas

Unas 60 personas viven todo el año en la isla. La población se multiplica en verano

Las fiestas son en julio, y el Festival de Música Mediterránea cierra la temporada alta en octubre. Luego nada altera la tranquila rutina de los apenas 60 tabarquinos que habitan aquí durante todo el año. La mayoría de la gente joven se busca un trabajo en Alicante u otros lugares, y vuelven en verano.

Allí se quedan entonces los jubilados, pescadores, observadores de aves y por supuesto, los incontables gatos. En ningún otro sitio son tan mimados por los lugareños como aquí. El maullido de estos felinos se pierde entre las ráfagas de viento de esta isla tan especial.