Las calas del Cabo de la Huerta, un lugar único entre playas

Un paraje que ofrece una curiosa combinación de chalets, nudistas y naturaleza

- Escrito el 03 agosto, 2018, 12:00 pm
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Alicante es famosa internacionalmente por sus grandes y cuidadas playas. La mayor parte de los turistas acuden a nuestras tierras en busca de sus cálidas aguas, kilómetros de arena, los restaurantes, chiringuitos, etc.

Sin embargo, entre dos de sus playas más importantes y concurridas, como son San Juan y la Albufereta, hallamos una escondida zona marítima que ofrece muchas sorpresas imposibles de encontrar en cualquier otro punto del término municipal.

Hablamos del Cabo de la Huerta. Un lugar donde no veremos atracciones acuáticas, servicios de sombrillas, bares, discotecas o masificaciones. Aquí la naturaleza aún se expresa en su estado más virginal, algo poco habitual en el litoral de la Costa Blanca.

Flora marítima

Quizás la mejor forma de comenzar una excursión al Cabo de la Huerta, sea accediendo desde la playa de San Juan. La arena se acaba, y comienzan los acantilados. Desde la playa podemos acceder a un camino de tierra que nos introduce en el cabo bordeando el mar.

Es muy habitual encontrar aficionados al running corriendo por aquí. Los amantes de la flora también hallarán algunas plantas marítimas muy interesantes, típicas de acantilados, como el limonium, albaradín, senecio auricula, anobasis articulata o varias especies de espantazorras o saladillas.

También es un lugar muy interesante para los submarinistas, quienes buscan esta zona alejada de turistas para observar la especial fauna y flora que conserva.

Historia del cabo
El cabo fue bautizado por los musulmanes como ‘Al-kodra’, que significa ‘el verde’

Antes de llegar a la zona de las calas, nos acercamos al majestuoso faro que domina el cabo. Data del siglo XIX, si bien su estampa actual poco tiene que ver con aquella primera construcción original. Aun así, el faro es el mayor vestigio del pasado que queda en la zona. Siglos atrás, los árabes habían bautizado al cabo como ‘Al-kodra’ (el verde). Dicho nombre acabó evolucionando a ‘Alcodre’.

Conservó esta denominación durante muchos años, hasta que en el siglo XVI la construcción del embalse de Tibi permitió la llegada de agua de regadío desde el río Monnegre. El lugar se llenó entonces de cultivos, pasando a ser conocido popularmente como ‘el cabo de la Huerta’.

Desde la época del boom turístico, ya en el siglo XX, las huertas desaparecieron para dar lugar a los chalets. Hoy en día es una de las zonas más caras y exclusivas de Alicante. Pero su complicada geografía no ha permitido construir tanto como en otros lugares, gracias a lo cual el cabo sigue manteniendo gran parte de su encanto natural.

La Palmera
Aunque no tiene la consideración oficial de playa nudista, esta costumbre se ha apoderado de la zona desde hace décadas

Pasado ya el antiguo faro, los caminos se hacen cada vez más estrechos y complicados de transitar. Muchos paseantes se dan la vuelta en este punto, pero merece la pena continuar para conocer sus distinguidas calas.

Primero llegamos a la Cala de la Palmera, la más rocosa de todas. A pesar de su cercanía a la playa de San Juan, apenas suelen llegar unos pocos bañistas aquí gracias a su privilegiada posición semi-escondida.

Aunque oficialmente no está considerada como una playa de este tipo, la presencia de nudistas es habitual y está socialmente muy admitida. Aquellos que toman el sol desnudos conviven sin ningún problemas con quienes prefieren hacerlo en bañador. Enseguida surge una complicidad casi familiar entre los desconocidos que llegan hasta aquí.

Cantalares y los judíos

La siguiente Cala es la de Cantalares, quizás la más bonita y auténtica de todas. Tiene una pequeña playa de arena donde no es extraño encontrar bañistas haciendo barbacoas e incluso plantando sus tiendas de campaña.

El camino de acceso desde la zona urbanizada merece recorrerse, sobre todo por la excelente vista de la cala que ofrece. Arriba del todo está situado un enorme reloj de sol, que es conocido popularmente como ‘el barco’.

Por último, siguiendo por la costa en dirección hacia la Almadraba, llegamos a la Cala de los Judíos. Más amplia que la anterior, es habitualmente utilizada como playa canina. Todo ello a pesar de los carteles que expresamente prohíben la presencia de perros en zonas de baño.

Sin embargo, los bañistas (ya sean vestidos o desnudos) conviven con los animales sin ningún problema. La tranquilidad que transmite el sonido del mar relaja a todos los presentes. No hay música de chiringuito o ruido de gentío que irrumpa. Tan solo los ladridos de algún perro pueden interrumpir de tanto en cuando el sonar de las olas.

Bares y comercios

Aunque el Cabo de la Huerta es una zona esencialmente natural y residencial, callejeando a unos pocos minutos de las calas existen varios bares y restaurantes donde comer. En la cercana avenida Goleta hay más comercios, así como paradas de autobús y de TRAM.

Aquí recordamos de golpe que estamos en un barrio turístico de una gran ciudad como es Alicante, aunque en las calas lo hayamos llegado a olvidar. A fin de cuentas se trata de una zona medio escondida que pasa desapercibida para la gran mayoría de turistas que vienen a nuestras tierras.

Un lugar donde adinerados propietarios de envidiables chalets conviven en armonía con bañistas desnudos. Donde senderistas y amantes de la fauna mediterránea tienen un pequeño reducto de rutas a recorrer al costado del mar. Donde las normas oficiales han cedido ante las costumbres, y nadie se escandaliza por ello. Un lugar único.