Las poses de la vergüenza

Estamos asistiendo estos días a una serie de despropósitos políticos que nos hacen a todos bajar la cabeza avergonzados

- Escrito el 03 noviembre, 2017, 4:00 pm
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Y no hablo solamente de Cataluña. También hablo de España en su conjunto y de cómo las poses ganan espacio a la moralidad y la ética. Se puede apreciar en cualquier rincón, donde una iniciativa social se degrada en conceptos rasurados por los políticos de turno. Pasa en cualquier pueblo español, incluido Santa Pola.

Al parecer, es de suma importancia que el contoneo político adquiera dimensiones influyentes. Sin embargo, a mi modo de ver, el pensar que esta dinámica surte los efectos deseados, es un insulto a las personas inteligentes con capacidad de discernir los estados de los posados. El hecho de aparecer con asiduidad en los medios, en escenarios populistas, no tiene por qué ser un método de seducción. Para un librepensador puede producir el efecto contrario.

Panorama desolador

El panorama político es desolador, especialmente cuando un partido no asume su responsabilidad e intenta desvanecer las promesas en un producto de venta. Pero nadie puede negar las evidencias, nadie puede obviar hechos determinantes, contundentes y acreditados por una comisión de investigación imparcial o provenientes de Sede Judicial. Tampoco, aunque en menor medida, dado el carácter subjetivo, los preámbulos escenificados en plenos parlamentarios y que, una vez dados a conocer, adquieren el carácter jurídico preciso para actuar en consecuencia.

A nadie se le escapa que el hecho de tomar decisiones que pretendan establecer medidas diferentes cuando deben ser equitativas, perturba la equidistancia entre el consentimiento y el delito. La Ley es igual para todos. Lo cual debe ser el germen fundamental para obrar con toda honestidad. Para un político es más grato la aclamación que el hostigamiento, pero, a mi juicio, ambas pronunciaciones deben estar basadas en la sinceridad, asumiendo una polarización crítica en un ejercicio de responsabilidad.

«Los políticos deben ser asépticos en sus decisiones y no perjudicar o beneficiar»

Generalmente, esas disparidades aparecen en momentos de debilidad, cuando falta personalidad o cuando existe un deseo premeditado de favorecer a determinado colectivo; sin pensar en los efectos secundarios, los cuales pueden contener elementos perjudiciales y hasta humillantes. Los políticos deben ser asépticos en sus decisiones y no perjudicar o beneficiar.

Redes clientelares

Una de las medidas más degradantes que existen en política es la creación de redes clientelares con el único objetivo de captar votos. No obstante, esta política, humillante para una sociedad adulta, va acompañada de otras complementarias capaces de generar dependencia, una especie de Síndrome de Estocolmo que genera modos de vida despreciables. Sin duda, estas políticas, convierten a las personas en peones al servicio de un proyecto político que, de entrada, nace como una blasfemia social.

«Las administraciones no pueden continuar siendo plataformas de empleo»

El individuo se autoincapacita para resolver su vida en el ámbito laboral creando una base sólida de aprendizaje y formación. Las administraciones no pueden continuar siendo plataformas de empleo, puesto que ello genera una contrariedad en las estrategias de empleo y un perjuicio grave para las empresas, las cuales ven como la Administración se convierte en su principal competidor. El problema más grave es que el más perjudicado de todos es el candidato a peón que entra a formar parte de esta estructura debilitada en sus cimientos, ya que, en ningún momento, consigue estabilizar su empleo y conciliar su vida.

Si no acabamos de una vez por todas con este tipo de procedimientos degradantes e insolidarios, no seremos una ciudad competitiva. Sólo seremos “Santa Pola, Ciudad del Postureo”.

Artículo de opinión de Paco Soler
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