Pateras: la tragedia que no cesa

La incesante llegada de pateras a las costas españolas ha puesto de relieve un problema migratorio de enormes proporciones; un tablero dónde cada día centenares de personas se juegan la vida en el Mediterráneo

- Escrito el 14 diciembre, 2017, 8:00 pm
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Llegaron el 23 de agosto de 2014 por el mar. Cansados, exhaustos, asustados y perseguidos por patrullas de la Guardia Civil Marítima. Aun así lograron pisar tierra antes que ellos y tuvieron tiempo de cambiar sus ropas mojadas por otras secas que llevaban en una bolsa de plástico.

Las otras prendas quedaron allí, esparcidas, como prueba de que en ese lugar estuvieron unas personas que trataban de desprenderse de la miseria, el hambre y la guerra, con la misma facilidad con lo que lo habían hecho con sus ropas.

Los que logran llegar a tierra lo hacen cansados, asustados y perseguidos por la Guardia Civil Marítima
Testigos impasibles

Las rocas, impasibles, acostumbradas a soportar los golpes del oleaje durante siglos, fueron testigo de esta arribada. También lo fueron los vecinos de la urbanización que se asoma a este cálido mar Mediterráneo en un caluroso día de agosto.

Algunos corrieron rápidamente a cumplir con su deber de buenos ciudadanos y colaborar con las autoridades, desde las terrazas de sus casas de veraneo, oteando el horizonte y tratando de localizar por donde huían corriendo unos jóvenes muertos de miedo y de frío.

Otros, también en las terrazas de sus casas de veraneo, trataban de localizar hacia donde huían y de cumplir con el deber de sus conciencias y, quizá, llegado el caso, de despistar a la Guardia Civil indicando la dirección contraria a la que habían huido.

La terraza indiscreta

Los chicos se dispersaron rápidamente, estaban ágiles y fuertes. Con la agilidad y fuerza que no se consigue machacándose en el gimnasio, sino que crece del miedo a ser capturados y devueltos a su país de origen.

Algunos vecinos lloraban, porque veían en esos jóvenes a los que podían haber sido sus hijos y cuya única diferencia con los mismos era haber nacido en el país equivocado, en la familia equivocada. Lloraban porque se sentían miserables de no haber hecho nunca nada por intentar cambiar las cosas.

Los testigos de la llegada de pateras miran el espectáculo con indiferencia o rabia, pero siempre sin mojarse

Lloraban de pena y de rabia, y se sentían miserables porque sabían que a pesar de eso dentro de un rato volverían a su veraneo en familia, a bañarse y a tomar el sol, a tomar las cañas del aperitivo y a comentar durante la comida que habían sido testigos de una persecución policial.

Cada conejo a su madriguera

Poco a poco los detuvieron a todos, o eso dijeron. Lo cierto es que nunca se sabrá. Si no hay constancia de cuántos iniciaron el viaje, cuántos cayeron por el camino y cuántos pisaron tierra, nunca se sabrá si alguno consiguió dar esquinazo a sus perseguidores.

Y así acabó la fiesta en la cala. Parafraseando a Joan Manuel Serrat en ‘Fiesta’: ´Se acabó, vuelve el pobre con su losa, vuelve el vecino a su playa y cada uno a sus cosas. Se despertó el bien y el mal, vuelve el cínico al misal, vuelve el vecino al portal. Se acabó, que cada uno es cada cual. Vamos bajando la cuesta, que aquí en la cala se acabó la fiesta`.

Tras la expectación cada uno vuelve a lo suyo
Poco, o nada, ha cambiado desde entonces

El 17 de noviembre de 2017, más de tres años después, el Servicio Marítimo de la Guardia Civil de Alicante intercepta dos pateras en la costa de Torrevieja, con 21 personas, seis de ellas menores, repartidas entre ambas embarcaciones. Estaban a la deriva.

Cada vez que se interceptan pateras se repite la historia, como si de un guión cinematográfico se tratase. Los mismos personajes. Siempre hay unos jóvenes huyendo, unos Guardia Civiles persiguiéndolos, unos vecinos mirando y miembros de la Cruz Roja tratando de tranquilizar y asistir a unas personas asustadas, heridas, mojadas y muertas de miedo.

Cruz Roja

La atención que presta Cruz Roja es un proyecto autonómico que cubre Valencia, Castellón y Alicante. Sin embargo, es en Alicante dónde mayoritariamene llegan las pateras. Para dar asistencia a este tipo de emergencia disponen de seis equipos, entre los que se distingue formación especializada y perfiles específicos. Así están un jefe de equipo, traductores, personal sanitario, ambulancia y enfermeros. Todos están disponibles las 24 horas del día durante todo el año.

Los equipos humanos y materiales para atender la llegada de pateras están disponibles 24 horas al día los 365 días del año

Patricia Compañ explica cómo es esa primera toma de contacto con los inmigrantes que llegan en patera. Curtida por la asiduidad con la que tienen que intervenir, reconoce que no le gustaría tener tanta experiencia en la asistencia que prestan a estas personas. Contando las últimas pateras del 17 y 18 de noviembre, en lo que va de año han atendido a 357 personas en la provincia de Alicante. 31 personas sólo si hablamos de Torrevieja y Pilar de la Horada, en esos dos días.