Pelillos a la mar

En las últimas semanas hemos vivido ´en abierto` una auténtica trifulca, en este caso relacionada con contendientes políticos y su entorno. Pero el tema sería extrapolable a muchos casos de familias por motivos como las herencias, por ejemplo, o de vecinos, de parejas, etc. Algunos opinan que esas situaciones, pasada la riña, quedan en el olvido y todos a convivir en paz y armonía. Quizás sea así en esos cuentos de hadas que antes se leían (ahora ya se han pasado de moda) pero no lo es en la realidad. Cuando uno discute queda un poso, algo que, incluso aunque uno no quiera, queda grabado en nuestro subconsciente. Pero cuando uno pasa de la discusión a la acción, la agresión (física o verbal), ese poso queda en la superficie y no se diluye, con lo que ni tan siquiera queda oculto. Saludo por educación Quedándonos con el símil político, que es válido para el resto, cuando alguien entra en una contienda a defender una idea o un privilegio debe ser consciente que el otro contrincante va a hacer lo mismo. ¿Acabado el duelo hay que irse como dos amigos a tomar unas cañas?, pues seguro que no, cada uno irá con los suyos y en el mejor de los casos lo que no se retirarán es el saludo. Ahora alguien se extraña de que el ganador de la contienda no se rodee de aquellos que le han querido linchar… ¡vaya hipocresía! Pues evidentemente que quien se alza con una victoria intentará hacer valer sus privilegios y contar a su lado con quien considera fieles. Como haría cualquier persona en su sano juicio. No es criticable que los vencidos, con un ´ejército` aparentemente más poderoso, quieran recular y prestarse sumisos ante el nuevo ´Rey`, cada uno es muy libre de salvar su cuello como mejor considere, pero los argumentos ya manidos sobre que si ahora no se buscan los acuerdos se acaba todo, que se rompe, que es el declive… ¡Señores, renuévense, eso está ya muy visto! Renovación obligada Imaginemos una pareja con hijos que han llevado la discusión hasta las últimas consecuencias, que los familiares y amigos se han posicionado de forma radical con una u otra parte de dicha pareja y que tras uno de ellos haber sido echado de casa se celebra un juicio y el juez decide que esa persona, la desterrada, se queda con la casa y los hijos. ¿Creen que haría una fiesta con la otra parte para celebrarlo todos juntos y permitiría a aquellos que le echaron vivir con él?, seguro que no. En un enfrentamiento quien gana se queda con el botín obtenido y maneja el barco con el destino que considere mejor, rodeado de su tripulación más fiel Unos lo pueden ver como una forma de represalia, pero yo considero que es la eterna forma de renovación. En un enfrentamiento quien gana se queda con el botín obtenido y maneja el barco con el destino que considere mejor, rodeado de su tripulación más fiel. Tan grave sería el error de la precipitación en los cambios como el de contar con los ´infieles` creyendo que se han ´convertido` a tu doctrina, sobre todo si no quieres estar constantemente pendiente de una puñalada o un envenenamiento. De esto ya saben mucho los mandatarios desde tiempo inmemoriales. Ganar o perder E insisto, esto no es un tema solo político. Si fuera una herencia, una vez que el juez (en este caso los votantes) le diera a usted la razón tras mucha pelea, ¿iba a ir corriendo a compartir dicha herencia con quien se la quería quitar? Seguro que la invertiría en aquello que considere mejor para sus intereses, ya sean éstos individuales o, como en el caso de la política, colectivos. Por lo tanto, no seamos ingenuos, cada uno juega sus cartas, lanza su jugada (o va de ´farol`) y acabada la partida se queda con lo ganado. Ahora los vencidos pueden ponerse a disposición (que no a la misma altura) del vencedor, por si este quiere contar con ellos, o seguir pidiendo ´otra mano de cartas` y a lo mejor acabar perdiendo lo poco que se han quedado, que cuando el barco se ve peligrar la fidelidad de la tripulación es más que cuestionable. Post Views: 586

Editorial del periódico AQUÍ en Santa Pola | Ángel Fernández, Director de AQUÍ

- Escrito el 03 junio, 2017, 12:45 pm
6 mins
En las últimas semanas hemos vivido ´en abierto` una auténtica trifulca, en este caso relacionada con contendientes políticos y su entorno. Pero el tema sería extrapolable a muchos casos de familias por motivos como las herencias, por ejemplo, o de vecinos, de parejas, etc.

Algunos opinan que esas situaciones, pasada la riña, quedan en el olvido y todos a convivir en paz y armonía. Quizás sea así en esos cuentos de hadas que antes se leían (ahora ya se han pasado de moda) pero no lo es en la realidad. Cuando uno discute queda un poso, algo que, incluso aunque uno no quiera, queda grabado en nuestro subconsciente. Pero cuando uno pasa de la discusión a la acción, la agresión (física o verbal), ese poso queda en la superficie y no se diluye, con lo que ni tan siquiera queda oculto.

Saludo por educación

Quedándonos con el símil político, que es válido para el resto, cuando alguien entra en una contienda a defender una idea o un privilegio debe ser consciente que el otro contrincante va a hacer lo mismo. ¿Acabado el duelo hay que irse como dos amigos a tomar unas cañas?, pues seguro que no, cada uno irá con los suyos y en el mejor de los casos lo que no se retirarán es el saludo.

Ahora alguien se extraña de que el ganador de la contienda no se rodee de aquellos que le han querido linchar… ¡vaya hipocresía! Pues evidentemente que quien se alza con una victoria intentará hacer valer sus privilegios y contar a su lado con quien considera fieles. Como haría cualquier persona en su sano juicio.

No es criticable que los vencidos, con un ´ejército` aparentemente más poderoso, quieran recular y prestarse sumisos ante el nuevo ´Rey`, cada uno es muy libre de salvar su cuello como mejor considere, pero los argumentos ya manidos sobre que si ahora no se buscan los acuerdos se acaba todo, que se rompe, que es el declive… ¡Señores, renuévense, eso está ya muy visto!

Renovación obligada

Imaginemos una pareja con hijos que han llevado la discusión hasta las últimas consecuencias, que los familiares y amigos se han posicionado de forma radical con una u otra parte de dicha pareja y que tras uno de ellos haber sido echado de casa se celebra un juicio y el juez decide que esa persona, la desterrada, se queda con la casa y los hijos. ¿Creen que haría una fiesta con la otra parte para celebrarlo todos juntos y permitiría a aquellos que le echaron vivir con él?, seguro que no.

En un enfrentamiento quien gana se queda con el botín obtenido y maneja el barco con el destino que considere mejor, rodeado de su tripulación más fiel

Unos lo pueden ver como una forma de represalia, pero yo considero que es la eterna forma de renovación. En un enfrentamiento quien gana se queda con el botín obtenido y maneja el barco con el destino que considere mejor, rodeado de su tripulación más fiel.

Tan grave sería el error de la precipitación en los cambios como el de contar con los ´infieles` creyendo que se han ´convertido` a tu doctrina, sobre todo si no quieres estar constantemente pendiente de una puñalada o un envenenamiento. De esto ya saben mucho los mandatarios desde tiempo inmemoriales.

Ganar o perder

E insisto, esto no es un tema solo político. Si fuera una herencia, una vez que el juez (en este caso los votantes) le diera a usted la razón tras mucha pelea, ¿iba a ir corriendo a compartir dicha herencia con quien se la quería quitar? Seguro que la invertiría en aquello que considere mejor para sus intereses, ya sean éstos individuales o, como en el caso de la política, colectivos.

Por lo tanto, no seamos ingenuos, cada uno juega sus cartas, lanza su jugada (o va de ´farol`) y acabada la partida se queda con lo ganado. Ahora los vencidos pueden ponerse a disposición (que no a la misma altura) del vencedor, por si este quiere contar con ellos, o seguir pidiendo ´otra mano de cartas` y a lo mejor acabar perdiendo lo poco que se han quedado, que cuando el barco se ve peligrar la fidelidad de la tripulación es más que cuestionable.

Desde los 14 años dedicado a esta profesión del periodismo en la que ha ejercido en todos los niveles, desde corresponsal a editor. En la actualidad es el director de los medios de comunicación AQUÍ.